COCINANDO UN CUERPO DE TELECASTER

Si algo me gusta tanto o más como cacharrear con guitarras y bajos es sin duda cocinar; los que me conocéis personalmente lo sabéis bien. Pensaréis: ¡bueno, otro igual! Porque hoy en día, esto no es nada excepcional. Pero en mi defensa tengo que decir que mi gusto por ello empezó de bastante joven, décadas antes de que esos horrorosos y esperpénticos reality shows sobre cocina fuesen ni siquiera el sueño húmedo de algún enfermo magnate de la TV. ¡Sí, amigos! Hubo una época en la que cocinar, o que te gustase Star Wars, El Señor de los Anillos, Juego de Tronos o los Ramones (o al menos sus camisetas) no era mainstream. De hecho, las miradas que recibías las pocas veces que sacabas el tema (porque en realidad, a nadie le interesaba) estaban entre el recelo y el paternalismo… ¡Qué días aquellos!

La analogía entre el mundo del cacharreo guitarrero y la cocina es bastante grande si lo pensamos bien. Tienes diferentes tipos de calidades de las materias primas según su precio, puedes comprarlas y prepararlas tú mismo o puedes pagar para que lo preparen por ti.

Desde luego no puedo comparar ninguna de mis recetas con las de Ferran Adrià, así como tampoco puedo comparar mis guitarras con las de lutieres top más experimentados por la misma razón: carezco de sus grados de conocimientos, sofisticación y técnica. Pero, y en esto es algo que coincide el mismísimo genio Adrià (para mí, el Steve Vai de la gastronomía), puedes disfrutar de la misma manera tanto de una de sus alienígenas recetas hechas combinando los ingredientes más gourmet con las técnicas de cocina más vanguardistas, como de una humilde y cotidiana tortilla de patatas. La diferencia, claro está, es que probablemente el plato de Ferran no es de los que se suelen probar todos los días y ya solo por eso debería tener toda nuestra atención.

Ahora que lo pienso, si la tortilla de patatas fuese una guitarra, podría ser una Telecaster (igual esto ya me lo tengo que hacer mirar, ¿verdad?): ingredientes básicos y económicos, sencilla de preparar, muy personalizable manteniendo la esencia, y te apaña cualquier comida…

Desde luego hay quien prepara increíbles tortillas de patata: existen bares y restaurantes famosos por su manera de hacerla, mientras tú, no inviertes tiempo y casi seguro que te va a encantar. Pero desde luego, y una vez que le coges el punto, no hay nada como prepararla en casa según tu gusto, con más o menos cebolla, más esponjosa, más o menos cuajada… Y con el placer de degustar algo cuando te ha salido muy rico, con la satisfacción de que lo has hecho tú y controlando exactamente los ingredientes de los que está hecha (¿seguro que esta tortilla lleva 100% nitrocelulosa?).

Podemos comprar una Telecaster hecha, obviamente. Incluso si vamos a montar una nueva, tenemos la opción de comprar las maderas terminadas, al igual que la tortilla. Vamos a ahorrarnos mucho tiempo y probablemente el resultado sea bueno, dependiendo del presupuesto del que dispongamos. Pero si nos arremangamos y decidimos fabricar el cuerpo (el mástil vendrá en un futuro), vamos a empezar a enamorarnos de nuestra futura guitarra desde el minuto uno. Garantizado. Así que como las cosas hechas en casa saben mejor, vamos cocinar nosotros mismos nuestra Telecaster.

La complejidad de este trabajo radica en que se necesitan ciertas herramientas y un espacio adecuado. Y paciencia, como siempre.

Lo primero, obviamente, es conseguir la madera. Necesitaremos un tablón de al menos 500x380x45 mm que esté bien seco. En España tenemos varias empresas especializadas en maderas para instrumentos musicales. A mi entender las piezas son caras si tenemos en cuenta que estamos comprando un tablón de madera en crudo, probablemente secada en horno. Si las comparamos con un cuerpo de calidad ya terminado, pues sí son más baratas, pero estaríamos obviando el costo de convertir ese tablón en algo con forma de guitarra.

Ya sabéis que las maderas tradicionales de una Telecaster son fresno, fresno del pantano y aliso. Debemos añadir a esta lista el pino, que últimamente está muy de moda por su excelente resonancia, twang y peso y porque además fue la madera en la que se fabricaron los primeros prototipos y que se descartó de la producción en masa por ser demasiado blanda y sensible a los golpes. Pero podéis hacerlo de la especie que más os guste, siempre y cuando esté bien seca.

Si podemos elegir la madera, mejor que comprarla a ciegas por internet. Ya sé que esto igual os parece una chorrada, pero yo suelo usar la técnica del golpeo para decantarme por un tablón u otro. Tampoco conozco otra forma, así que, si ayuda en algo, ¡bienvenida sea!

Respecto a si merece la pena comprar maderas Premium, mi opinión es que, rebasado cierto nivel de calidad (me refiero, evitando maderas de procedencia y especie desconocida, deficientemente secadas, con fallos en su superficie, muy económicas y compradas generalmente a través de compañías chinas), lo que se paga muchas veces en estos casos es la exclusividad, la cual probablemente seas tú el único en apreciar. Mi tortilla, posiblemente, se vaya a llevar muy poca diferencia en sabor global tanto si las patatas han sido cultivadas por hortelanos con doctorados, regadas con agua de Puerto Williams y cosechadas durante un eclipse de luna, como si las compro en la frutería de mi barrio. Especialmente porque la tortilla, aparte de las patatas también lleva huevos, aceite de oliva, sal, cebolla, pastillas magnéticas, cejuela de hueso, amplif… Uy, ¡que me lío! Podrás explicarles a tus comensales lo especiales que son tus patatas, pero probablemente ellos estarán más interesados en que termines de contarles tu película para hincarlas el diente.

Otro asunto es el número de piezas del cuerpo. Generalmente cuantas más compongan el tablón, más barato será este, ya que un pedazo de madera del tamaño que necesitamos es poco común de extraer. Los cuerpos de una sola pieza, en teoría (y remarco, en teoría), tienen una resonancia más consistente. Por el contrario, son más propensos a combarse ante cambios de humedad y temperatura si no están bien secos. Aquellos que están fabricados con más de una pieza, por la manera en que están encolados, resultan en tablones mucho más estables. Si queréis saber más sobre todo esto os invito a darle una ojeada a esta estupenda web, que derriba muchos mitos y construye unos pocos más.

Empezamos con el trabajo:

Hemos elegido un tablón de fresno del pantano, por ser la madera tradicional de las Telecaster. Necesitaremos en primer lugar unas plantillas. Si ya tenemos una Telecaster de cierta calidad, podemos usarla para fabricar esas plantillas, pero si no, hay muchos fabricantes de herramientas para lutería que las venden. Intentad comprar una de calidad, de madera contrachapada mejor que DM y que tenga las medidas estándar.

Hay que hallar el centro del tablón y el centro de la plantilla para alinear ambos sobre ese eje. Esta va a ser una guía fundamental. Debemos ser muy exactos en este punto, así que aseguradlo bien. Marcamos ambos, así como el contorno de la plantilla.

En la foto anterior podéis ver marcados dos contornos ligeramente diferentes. El proveedor se había tomado la libertad de dibujar una silueta (en rotulador grueso) antes de mandarme el tablón. Aquí podéis apreciar cómo no todas las plantillas son iguales.

El siguiente paso es sacar ese contorno del tablón de madera. Como ya sabréis, las grandes factorías utilizan maquinaria CNC: fresadoras robotizadas automáticas que realizan unos cortes súper precisos según unas coordenadas introducidas previamente en su sistema. La mayoría de los artesanos, para este trabajo, suelen usar una sierra de cinta, que es una herramienta de un tamaño ya considerable que, guiada de manera manual, realiza cortes bastante precisos tanto rectos como en curva. Herramienta fundamental para cualquier constructor de guitarras, si tenéis la suerte de disponer de una, no voy a aportar nada nuevo explicando cómo cortar el contorno del cuerpo.

Como os podéis imaginar, yo no tenía. Lo más parecido era mi sierra de calar. No es nada fácil hacer este trabajo con esa herramienta, pero tampoco imposible. El problema con la sierra de calar es que, a veces, los cortes no quedan a 90 grados, sobre todo en una madera tan dura como el fresno y de un grosor de 4,5 cm. Por ello hay que cortar muy despacio para evitar forzar la hoja y que esta no se tuerza de su posición. Otro problema es que la máquina es bastante torpe en las curvas y los ángulos pronunciados.

Si para salvar el primer inconveniente hay que cortar despacio, con paciencia y extremo cuidado, para el segundo vamos a practicarle al tablón unos agujeros de alivio en los picos de la silueta para poder mover la hoja con libertad en esos puntos y colocarla en el buen camino. Usamos un taladro de columna o un soporte, para que los agujeros queden completamente rectos.

En los valles del contorno vamos a hacer unos cortes rectos desde el borde del tablón, así cuando lleguemos a esa parte, las piezas irán desprendiéndose y habrá más espacio para girar la máquina.

Así que, con mucho cuidado, comenzamos a extraer el cuerpo del tablón. El fresno es una madera bastante dura, así que hay que usar una cuchilla de corte limpio y una velocidad no muy alta para evitar quemar la madera.

Podéis observar el corte tan tosco que ha quedado con la sierra de calar, pero lo bueno es que todo ello está por fuera del contorno que hemos señalado. Colocamos de nuevo la plantilla con sumo cuidado, fijándola con unos pedacitos de cinta de doble cara para que no se mueva. También usamos cinta de carrocero para asegurarla desde los bordes y la iremos retirando según vayamos trabajando en esas zonas. Es muy importante que la plantilla no se mueva para nada.

Preparamos la fresadora con una fresa de las que llevan rodamiento. Como imaginaréis, este debe coincidir con la altura de la plantilla, así que ajustamos la profundidad de corte con mucho cuidado para no dañarla.

En mi caso no disponía de una fresa de una longitud que cubriese el ancho total del cuerpo, por eso tuve que hacerlo en varias pasadas. Si podéis conseguir una bien larga, os ahorrará mucho trabajo de lijado posterior.

Podéis ver las marcas de las diferentes pasadas con la fresa. Tendremos que eliminarlas con lija.

Colocamos la plantilla de las cavidades, de nuevo, con mucho cuidado.

Para vaciar los huecos de la electrónica, primero hay que practicarle unos agujeros con el taladro. En esta ocasión usé una broca para madera convencional, marcando la profundidad con un pedacito de cinta de carrocero en la broca… pero ahora sé que este sistema no es el más fino. Lo suyo es usar un taladro de columna o un soporte con tope de profundidad y una broca tipo Forstner.

Y de nuevo con la fresadora vaciamos definitivamente los huecos.

Aquí yo he marcado, que no perforado, los agujeros del puente. No lo hagáis hasta que podáis montar el mástil y comprobar de manera real la longitud de escala y la posición exacta donde debe ir el puente. Es muy importante colocarlo alineado con eje del mástil. Recordad: la colocación del puente es lo último y ¡no os fieis de la plantilla!

Lamentablemente, perdí las fotos del resto del proceso, pero os muestro los últimos pasos en otros cuerpos posteriores que he hecho.

Los bordes del cuerpo de la Telecaster son bastante abruptos, así que hay que suavizarlos un poco. Para esto se emplea una fresa de 1/8” pasándola con cuidado por todo el contorno. Yo en ese momento no disponía de ella, así que lo hice a mano con una lima de media caña y rematando con una lija sujeta a una esponja para que se adapte al contorno. Es más sencillo de lo que parece.

El hueco para alojar el conector Jack lo realizamos, este sí o sí, con una broca tipo Forstner. Si usáis una de tipo pala se astillarán los contornos. Hallamos el centro con un lápiz, marcamos con un punzón y ¡a agujerear se ha dicho! No es necesario calar hasta el hueco de la electrónica, pero debemos comunicarlo con un taladro lo suficientemente ancho como para que los cables pasen con holgura.

Un par de obvios agujeros más para comunicar la electrónica…

 

Y con esto ya tendríamos nuestro cuerpo de Telecaster terminado, listo para un buen lijado, dependiendo del estado del tablón, pero lo normal es ir lijando desde un grano grueso entre 180 y 220 más o menos e ir subiendo hasta 800. Lo único que nos quedaría por hacer son los agujeros para pasar las cuerdas hasta la parte de detrás, pero esa tarea es un poco más delicada de lo que parece y merece su propio artículo. De momento tenéis tarea. Que disfrutéis de vuestra propia tortilla. ¡¡Bon appétit!!

2 Comments

  1. RoOmel VCH

    EXCELENTE TRABAJO MAESTRO. ES USTED UN WOW! Tengo un tiempo ya siguiendo tu pagina y tus trabajos, ERES GENIAL.
    Hoy vengo a preguntarte algo sobre una guitarra!

    Es una Squier affinity series que despinte para darle otro color, estuve experimentando al realizarse algunas modificaciones y realmente hice un desastre,

    1- TRATE DE HACERLE LOS ORIFICIOS ATRAVES DEL CUERPO, Y REALMENTE AL ATRAVESAR QUEDARON DESALINEADOS,M FUE UN DESASTRE TOTAL,

    EL CUERPO PRESENTABA VARIOS ORIFICIOS QUE RELLENE CON TAQUE TES DE MADERA Y LOS ORIFICIOS DEL PUENTE ORIGINAL LOS TAPE PARA MONTAR UN NUEVO PUENTE ESTILO VINTA GE DE 3 SILLETAS.

    BUENO TAPE TODOS LOS ORIFICIOS Y LOS ORIFICIOS QUE DEJE DESALINEADOS!

    MI PREGUNTA ES: Influye realmente en el sonido al tapar orificios que hice por tontera y realmente vale la pena montar hardware de calidad en el cuerpo de una squier affinity de cuerpo solido de 3 bloques???? o consigo otro cuerpo virgen?

    1. Hola! Muchas gracias por tus palabras! Es una alegría saber que todo esto le interesa a alguien 😉

      Sobre lo que me cuentas, efectivamente, hacer los agujeros a través del cuerpo para las cuerdas a un cuerpo es más complicado de lo que parece. Ya lo aviso al final de mi artículo y seguro que estás totalmente de acuerdo. En un tiempo lo explicaré de manera detallada, porque tiene su ciencia.

      Respondiendo a tus preguntas, en mi opinión, tapar esos agujeros con tubillón de madera no debería influir en el tono… por lo menos no en la manera en que un humano en su sano juicio sea capaz de distinguir. Creo que nos obsesionamos demasiado con la pureza de los componentes de la guitarra y dejamos de lado otras como… saber tocar, jajaja. Siempre que se me plantean estas mismas dudas pienso en la Les Paul de Neil Young o las primeras Frankstrat de Van Halen… si esos pedazos de madera con cuerda sonaban así de bien, es que igual nos estamos preocupando de más en nuestros propios instrumentos, jeje. No te deshagas del cuerpo solo por unos agujeros mal puestos.

      Sobre si montar hardware de calidad en una Squier merece la pena… bueno, instalarle un puente Callaham no va a mejorar el tono proporcionalmente al precio de este, pero por ejemplo están los puentes Wilkinson, fabricados ahora en China, pero un poco mejores (consistencia y grosor del metal, silletas compensadas) que los que trae la guitarra de serie, y que están muy bien de precio. Consideralo.

      Saludos y suerte!!

      Javi

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