CREANDO A DOPPELGANGER #1

Crecer durante la década de los 80 tuvo sus secuelas. Si bien era lo suficientemente joven como para que los pelos cardados, las hombreras, las lentejuelas y los pantalones de tiro alto no causaran mucha mella en mí, algo dejaron. Confieso que aún se me ponen un poquito los pelos de punta (para bien… bueno, más o menos) cuando veo algún vídeo del joven Yngwie Malmsteen.

A los niños sin embargo se nos bombardeó el cerebro con construcciones y ensamblajes. Desde Duplo, Lego, Tente o Meccano (me refiero al juego, no al horrible grupo, con el cual, por cierto, también nos bombardearon) hasta series de televisión como el Equipo A o MacGyver, donde sus protagonistas se libraban invariablemente de sus captores (cuando estos los dejaban encerrados, por lo general, en ferreterías) dando rienda suelta a su imaginación y creando los más psicodélicos artefactos que la mente de un guionista de TV haya ideado jamás. Y aunque, fue ya en los 90, qué decir de Bricomanía. Gracias, Christian, gracias.

Si a este condicionamiento brutal le añades ser un loco de las guitarras, el resultado lógico de la ecuación es que en algún momento u otro, acabes montando tu propio instrumento. Y aquí estamos.

No es la primera vez que monto una guitarra. Esto no me pilla de nuevas. Han pasado más de 12 años desde la primera vez que decidí armar un instrumento a la carta en vista de que ninguna de las guitarras fabricadas en serie que había en ese momento en el mercado (y que yo pudiese permitirme) cumplía con los requisitos que para mí eran fundamentales en la herramienta musical definitiva. Ese primer kit de Stratocaster sufrió (o disfrutó, según se mire), a lo largo de los años, de numerosas modificaciones, ajustes, evoluciones e involuciones. Llegó a ser mi instrumento favorito suplantando y enterrando a todas las demás guitarras con las que compartió techo hasta tal punto que, al cabo de un tiempo, incluso decidí construirle una hermana casi gemela. Son las dos Stratocaster que podéis ver pululando en artículos más antiguos de esta web, una de color crema con mástil de arce y la otra de color rojo con diapasón de palorrosa. Después apareció la Telecaster en mi vida y el resto de la historia os la podéis imaginar…

Todo este ajetreo y baile de diferentes partes, piezas y recambios en la construcción de esos instrumentos me aportó un gran conocimiento, no solo a nivel estructural sino también comercial, descubriendo un montón de diferentes distribuidores. Además, sirvió para quitarme el prejuicio con los instrumentos de kit, ya que el poder elegir cada pieza que lo conforma nos permite crear un instrumento tan bueno o superior (depende de la inversión que queramos hacer) que cualquiera de los que se fabrican en serie y siempre por muchísimo menos dinero.

Obviamente, las guitarras por excelencia para montar son tipo Fender, ya que estas fueron originalmente concebidas para ser fabricadas y ensambladas como churros. Hoy en día podemos encontrar kits de casi cualquier modelo de guitarra o bajo, de diferentes calidades, pero el hecho de que las tipo Fender lleven el mástil atornillado y no encolado (como los modelos de Gibson y de otros fabricantes, los cuales requieren un trabajo de lutería más considerable), nos facilita mucho la vida a la hora del montaje.

El proyecto que hoy os cuento era un pelín más ambicioso que el simple hecho de ensamblar una guitarra. Consistía en montar un instrumento que encajase con las necesidades de un músico en concreto, pero haciéndolo con piezas de calidad y mejorando y ajustando esas partes de kit para adaptarlas a sus necesidades.

Ferrol, a parte de ser un paraíso natural y gastronómico, es cuna de multitud de bandas buenísimas, de diferentes estilos y que pelean como gatos panza arriba por hacerse un hueco en la escena musical nacional. Klüte es uno de ellos y Carlos es la voz y la guitarra de este grupazo al que podéis y debéis escuchar aquí. Es un músico con muchísimo talento, pero como les pasa a muchos genios, su preocupación está más enfocada en la música que en su equipo.

Cuando hablamos de este proyecto, construir una guitarra para él, no tenía mucha idea de lo que quería, así que le mandé un cuestionario de varias páginas, digno de Sheldon Cooper, con preguntas bastante técnicas y otras no tanto, más fáciles de responder, con las que yo pudiese ir intuyendo qué especificaciones se adaptarían mejor a su forma de tocar. Y sobre todo también, el presupuesto que tenía en mente para ajustarnos lo máximo posible.

¡Y así se gestó la primera Doppelgänger! Este es el nombre de mi marca, porque como ya he comentado en otros artículos, el logo de Fender me parece tan parte del diseño del instrumento como la propia forma de este, así que esa pala no podía ir desnuda. Debía portar un decal con una tipografía clásica y una palabra que definiese perfectamente a un clon de Telecaster, y esa no podía ser otra que la que designa a tu fantasmagórico doble que pulula por el mundo. Solo que esta vez, el doble mejora la receta original, porque está hecho con el doble de cariño 😉

¡Sin más preámbulos, nos metemos en faena!

EL CUERPO

Klüte es una banda de powerpop, punkrock e indie, para los amantes de las etiquetas. Esto se traduce, como podéis imaginar, en guitarras que fundamentalmente van a llevar el peso de los temas rasgueando acordes todo el rato, con pocos solos de guitarra.

Como sabéis, las maderas tradicionales con las que se construyen las Telecaster son aliso y fresno. En este caso nos decantamos por el aliso ya que es una madera cuya resonancia es muy equilibrada en todas las frecuencias con un ligero punto de énfasis en medios y medios graves, lo cual lo hace perfecto para aportar un tono cálido, con cuerpo y nada estridente para este estilo de interpretación.

Por otro lado, Carlos quería una guitarra con acabado transparente a través del cual se pudiese ver la veta de la madera. El aliso no tiene una veta tan espectacular como suele tener el fresno, pero por cuestiones de sonoridad, que al final es lo que importa (el fresno por lo general tiene un comportamiento más radical en la resonancia de sus frecuencias), nos ceñimos a él.

El cuerpo elegido es de dos piezas de aliso rojo americano. Los cuerpos de una sola pieza son mucho más caros (por la disponibilidad de cortes de madera de ese tamaño) y si no están suficientemente secos, puede haber problemas de combado, cosa que no ocurre con un cuerpo de varias piezas. Puesto que la sonoridad entre unos y otros cambia poco o nada, el desembolso aquí no tenía mayor sentido.

A Carlos, como a muchos guitarristas, la pastilla de mástil de la Telecaster no le hace mucha gracia, así que me pidió si sería posible instalar una de Stratocaster en esa posición. Como esta pastilla es ligeramente más grande que la original, tuve que ensanchar el hueco valiéndome de una fresadora y una plantilla, como la que podéis encontrar, por ejemplo, aquí.

No olvidéis hacer lo mismo con el hueco del golpeador.

Para el acabado hemos elegido tintes de diferentes tonos y lacado con nitrocelulosa. Primero, negro para realzar las vetas más profundas y luego, tras lijarlo, una mezcla de nogal y ámbar para conseguir el tono final.

Después de probar varios sistemas para aplicar el tinte, debo decir que mi método favorito es la muñequilla. Como sabréis, consiste en poner una bola de algodón dentro de un trozo de tela también de algodón, envuelta. Esto nos permite aplicar solo la cantidad justa de tinte, de manera muy controlada. Hay que humedecer la madera ligeramente con un trapo para que la superficie absorba el tinte de forma homogénea. Una vez que tenemos el tono deseado, lijamos suavemente para dejar bien lisa la superficie y aplicamos la laca nitrocelulosa transparente para sellarla y protegerla, tal y como ya expliqué aquí.

Tras cuatro semanas de curación, llega el nivelado y el pulido final. Antes de ponernos con ello, sellamos con cera los agujeros de los tornillos y cualquier parte de madera desnuda, para asegurarnos de que no entre agua que hinche la madera y nos arruine el acabado.

EL MÁSTIL

El mástil es probablemente uno de los elementos más importantes de la guitarra. Si nos sentimos cómodos tocando un instrumento, es muy posible que nos enamoremos perdidamente de él.

Como ya he comentado, esta guitarra está destinada a tocar principalmente acordes, por lo que un moderno radio de diapasón no tenía mucho sentido. Elegimos en este caso un mástil con perfil trasero entre C y D, y una curvatura de 7.25” que se adaptará mejor a la forma natural de la mano y causará menor fatiga muscular tocando. De origen traía trastes vintage, que son estrechos y bajitos. Para facilitar la ejecución, los cambiamos por unos medium jumbo como ya conté aquí.

El diapasón es de palorrosa, con la intención de aportar ese tono cálido y no estridente que estamos buscando.

En este punto es hora de lacar con nitrocelulosa. Colocamos primero el decal de Doppelganger Guitars que tan bonito nos ha fabricado esta gente tan simpática. Y tras unas capas de barniz tintado…

Esperamos una semana para el curado de la nitrocelulosa y a pulir.

ELECTRÓNICA

En el apartado de electrónica hemos sido también bastante conservadores. En esta ocasión, sobre las pastillas, fuimos a por una pareja clásica de demostrado buen resultado: Dimarzio Twang King en el puente (que ya instalé en esta guitarra) y Dimarzio True Velvet para Stratocaster en la posición de mástil.

Como comentaba al principio, la pastilla clásica del mástil de una Telecaster suele tener menor volumen que la del puente y también un sonido grave y poco claro. La razón es que es más pequeña de tamaño, lo cual quiere decir que su bobinado lleva menos vueltas, y su cobertor metálico influye en su campo magnético. Aunque algunos modelos modernos tratan de compensar este sonido tan opaco, equilibrarlas en volumen es siempre complicado. Pero esta es la naturaleza de las Telecaster. Sin embargo, una pastilla de mástil de Stratocaster en esta posición puede dar un aire totalmente nuevo a la guitarra, ya que dispondremos de los dos tonos más reconocibles de una Tele y una Strato en un solo instrumento y, además, una posición intermedia, la mar de interesante.

Como detalle, y guiño a la estética de la Telecaster, elegimos un cobertor metálico con la parte superior abierta para esta pastilla.

El resto de la electrónica son potenciómetros de 250k logarítmicos CTS, condensador de tono Orange Drop .047uF, condensador treble bleed de 220 uF y conmutador de tres posiciones CRL.

Seguro que algunos os estaréis preguntando qué pasa con el apantallado. Bueno, en mi modesta opinión, no soy partidario de esta técnica, porque la reducción de ruido no es muy grande y sin embargo sí suele cargarse las frecuencias agudas de la señal de las pastillas. Siempre que lo he hecho en mis propias guitarras he terminado retirándolo y nunca me he arrepentido. Si alguien me lo pide expresamente lo hago, pero prefiero un poco de ruido de fondo y el tono completo de mis pastillas. Si igualmente queréis saber cómo se hace, aquí tenéis la mejor explicación que he encontrado.

HARDWARE

Los herrajes en una Telecaster clásica son sencillos, por ello no merece la pena escatimar. Los de buena calidad no son especialmente caros, al menos si lo comparamos con los de otros modelos de guitarras.

Tenía claro que el puente tenía que ser el tradicional de 3 silletas. Para mí, aquí reside uno de los puntos clave del tono de las Teles. Incluso me atrevería a decir que, si algo influye en el sonido de estas, tanto o más que la madera, es el material del que están hechas sus silletas. Entre las de latón y las de acero roscado hay un comportamiento totalmente diferente. Haced la prueba y alucinad.

En este caso elegimos silletas de latón (ofrecen el tono cálido que buscamos) compensadas para mejorar el ajuste de octavación, pero de la marca Harmony, más discretos que las modernas tipo Wilkinson.

Los afinadores que vamos a colocarle son unos Kluson Double Line. Estética clásica, marca de calidad y precio más que correcto. También colocaremos un único string tree para las cuerdas 1 y 2 de estilo mariposa.

Los botones para la correa son de la marca Gotoh y están sobredimensionados para evitar que la correa se escape, como ocurre con los pequeños enganches tradicionales de Fender.

El conector Jack va montado en una cazoleta tipo Electrosocket.

ENSAMBLADO Y ÚLTIMOS RETOQUES

Ya solo nos queda montar todo y ajustarlo adecuadamente para que este puñado de piezas se conviertan en un guitarrón de muerte.

La laca nitrocelulosa es muy delicada, ya lo he dicho muchas veces. Por eso mismo hay que ser muy cuidadoso a la hora de insertar en el cuerpo y el mástil ciertas piezas que van un poco a presión: los ferrules que van en la parte trasera del cuerpo, los que van en la pala para ajustar los afinadores, la cazoleta del Jack, la cejuela e, incluso, el mástil en el cuerpo. Comprobad primero, con cuidado, si entran firmes, pero sin forzarlas. En la mayoría de los casos, solo el grosor del barniz que haya podido caer alrededor de los huecos es suficiente para estrechar este y que ya las piezas no entren como lo hacían antes del lacado. Es preferible limpiar y ensanchar ligeramente esos agujeros con la fresa de la Dremel que forzarlos y que la laca se agriete. En mi caso, tanto a estas piezas como a los tornillos del mástil, golpeador, etc. les pongo un poco de cera para lubricarlos y que entren mejor.

Por supuesto, la cejuela la tallamos en hueso.


Una vez ensamblada, ajustamos la curvatura del mástil, la altura de las pastillas, la altura de las cuerdas, la octavación y… ¡listo! ¡La Doppelgänger #1 acaba de nacer!

Tal y como lo cuento aquí parece fácil y rápido, aunque me temo que la realidad es un poco más entretenida. Montar esta guitarra lleva aproximadamente dos meses, aunque uno de ellos corresponde al secado de la laca, en el cual no haces prácticamente nada (aparte de planificar y construir la siguiente Doppelgänger). Pero una vez montada queda hacerle el rodaje, tocar con ella y estar muy atento a todos los detalles para corregir los pequeños fallos o desajustes para que, a la hora de entregarla a su futuro dueño, esté todo perfecto.

 

 

Sobre sus sonidos podemos decir que en el puente tenemos el clásico tono de Telecaster, con todo su twang, su punch y el resto de onomatopeyas en inglés que se esperan encontrar en una buena Tele, pero sin ser estridente, algo de lo que pecan muchas de estas guitarras y que nosotros hemos evitado con la elección de las maderas y el resto de sus componentes. Si cerramos los ojos, el sonido que extrae la posición de mástil podría pasar perfectamente por una Stratocaster, solo que con más cuerpo y mayor sustain de lo habitual debido a su construcción de puente fijo con cuerdas a través del cuerpo. Aquí podemos pasar de Little Wing a Take Five solo girando el potenciómetro de tono. La posición intermedia tiene un bonito sonido a medio camino entre ambas pastillas, perfecto para rítmicas en limpio. Resaltar también que no hay salto apreciable de volumen entre ambas pastillas, un problema habitual de las Teles tradicionales.

Y después de este párrafo que podría haber ido perfectamente en la etiqueta trasera de una botella de vino, os dejo con este breve vídeo para que la escuchéis con vuestras propias orejas:

Por estas fechas, la Doppelgänger #1 anda ya en su nuevo hogar. En la siguiente foto podéis ver a Carlos de Klüte con ella finalmente entre las manos. Su cara lo dice todo, ¿no?

Si todo va como esperamos y hemos hecho bien el trabajo, le espera una vida de grandes y pequeñas canciones, ensayos, giras y grabaciones… El objeto que materializa en el mundo terrenal la música que vive dentro del músico. A pesar de estar sufriendo ahora el síndrome del nido vacío, ¿puede acaso un padre estar más feliz por su vástago?

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