ERNIE BALL MUSIC MAN STEVE MORSE MODEL

Comenzamos el año con reviews de equipo, con un guitarrón de los que quitan el hipo, la Music Man Steve Morse Model.

He pasado un tiempo pensando cuál sería la próxima pieza de mi equipo. Sigo muy enamorado de las Telecaster, como seguramente sabréis los que seguís este blog de forma habitual, pero esta vez me apetecía tener una guitarra que fuese radicalmente diferente, con un concepto más moderno que la Tele pero que a la vez tuviese ese carácter de guitarra más clásica que me encanta. Después de darle muchas vueltas al asunto y barajar algunos modelos diferentes llegué a las no muy conocidas, en España al menos, Ernie Ball Music Man. En nuestro país no son guitarras especialmente populares debido a su alto precio y muy poca distribución. Las pocas tiendas donde puedes encontrarlas suelen tener muy pocos modelos para probar.

Music Man es una compañía de instrumentos musicales y amplificadores fundada a principio de los años 70 por antiguos ejecutivos de Fender, entre ellos el gran Leo que más tarde, en 1979 la abandonaría para crear otra compañía de instrumentos: G&L. En 1984, el famoso fabricante de cuerdas Ernie Ball compra la compañía, que se encontraba casi al borde la quiebra y desde ese momento comienza su etapa de mayor prestigio. Hacia finales de los años 80, introducen varios modelos de guitarra diseñados para diversos artistas, entre ellos Steve Morse. La guitarra que nos ocupa es una puesta en limpio del instrumento que hasta ese momento usaba y que había ensamblado el propio Morse: un engendro hibrido de Fender y Gibson. Podéis encontrar más información de su Frankstein Tele aquí.

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¿Cómo llegué yo, actualmente amante de las Telecaster, a desear este instrumento tan raro y tan, a primera vista, diametralmente opuesto? Bueno, todos tenemos un pasado vergonzoso y yo no iba a ser menos. Durante algunos años fui un gran aficionado a las humbucker, a la distorsión a tope y a tocar a toda leche. Lo reconozco, ya está, ya lo he dicho. Pero como dice el refrán: el que tuvo, retuvo, y hay ciertos aspectos de las guitarras que usaba en esa época (principalmente Ibanez) que a veces echo en falta en guitarras más clásicas.

Puse mi ojo en Music Man porque precisamente creo que aúnan muy bien lo que comentaba antes, espíritu clásico y especificaciones modernas, con una calidad de fabricación excepcional. Me topé con un video del gran Daniel Donato tocando con la nueva EBMM Stingray Guitar y de repente me enamoré. Estética vintage, muy en la línea de las Fender Jazzmaster y con unas humbucker de baja salida que sonaban muy, muy claritas… ¿Podría volver a surgir el amor de nuevo entre las humbucker y yo?

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Pasé una buena temporada tratando de conseguir información sobre ella, pero es un modelo relativamente reciente y no encontré demasiado en la web. En las tiendas, como siempre, no sabían de qué les estaba hablando. Aún así, había un detalle que me obsesionaba y es que el radio de diapasón de ese modelo es de 10” y sus trastes tamaño medium. Pero mi pasado, mientras, me gritaba: “¡¡La fórmula de la felicidad es radio 12” y trastes jumbo!!”. Así que buscando entre los modelos de este fabricante con esas especificaciones llegué al modelo de Steve Morse, el único que reunía ambas.

Debido, una vez más, a mi oscuro pasado conocía de sobra a Steve Morse y su excelente trabajo como guitarrista con Deep Purple. Inconscientemente había llegado a una de las guitarras fetiches de mi adolescencia. Perdí la esperanza con Music Man, porque siempre había considerado esta guitarra como un instrumento enfocado a sonidos muy heavies y que ya a estas alturas, no me interesan… Pero en el video de promoción de la web de Music Man, este, en el minuto 1:02 y en el 1:23 escuché unos tonos que llamaron mucho mi atención… ¿Y si no todo estuviera perdido? ¿Y si estaba dejándome llevar por mis prejuicios? En esta situación empecé a escuchar material de Dixie Dregs, una banda de country progresivo, si es que ese estilo existe, en la que tocaba Morse y donde pude encontrar una gran gama de tonos diferente a lo que estaba acostumbrado a escuchar en los modernos Deep Purple. De nuevo la semilla de la esperanza había arraigado con Music Man.

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Los vídeos que podéis encontrar del propio Steve Morse con la guitarra no son muy útiles, ya que por lo general suele enterrar su sonido con capas de distorsión y delay, y no hay quién se haga una idea demasiado clara del carácter del instrumento, así que en este punto y sin posibilidad de tener una unidad cerca para despejar de primera mano mis dudas, me dediqué a rebuscar opiniones de usuarios por la web. Como podréis imaginar, aunque las valoraciones por lo general eran bastante positivas, las descripciones acerca de un mismo aspecto eran a veces contradictorias. Por suerte para mi, apareció una persona que vendía una de segunda mano cerca de mi casa y pude probarla por fin. Obviamente me gustó tanto que acabé comprando una a través de Ebay que estaba prácticamente nueva. Esta entrada tiene como objetivo hablar de todas esas cosas que siempre quise saber y nadie se atrevió a responderme. ¡Vamos a ello!

La Music Man Steve Morse Model es una guitarra eléctrica de cuerpo sólido y tamaño reducido, como el modelo Silhouette, del cual deriva. La madera del cuerpo es una sola pieza de álamo, algo que causa bastante controversia, pues es una madera usada en ocasiones en instrumentos económicos y rara vez en alta gama. En este caso, puedo decir que vibra muy bien y tiene una veta bastante bonita que se ve hacia el centro del cuerpo, donde el sombreado azul del acabado se hace más claro. La laca usada en el cuerpo es duro poliester brillante.

Otro detalle significativo es que no hay contour body, como los de la Silhouette o la Stratocaster, sino que es un tablón plano al estilo del cuerpo tradicional de la Telecaster. Sin duda, la parte que menos me gusta es el peso, a diferencia de lo que siempre señala el propio Morse en los videos de promoción de su guitarra. Tanto la mía como la que pude probar antes de comprar esta, pesan una barbaridad, alrededor de 4 kg, algo que puede resultar infernal en ensayos o actuaciones largas.

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Acerca del mástil, se trata de una sola pieza de arce ojo de pájaro, que personalmente me parece bastante feo, pero contrasta con un diapasón de palorrosa precioso. Como comentaba antes, el radio de diapasón es de 12” y los 22 trastes son jumbo, perfectamente acabados y nivelados, sin bordes afilados ni nada por el estilo.

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La longitud de escala es tipo Fender, 25 ½”, y el perfil es el archiconocido tipo C, muy parecido al que montan las Stratocaster Standard USA modernas. En el tema de las medidas, quizá lo que llame más la atención es que el mástil es un poco más estrecho de lo que estamos acostumbrados, lo que implica que las cuerdas van a estar un poco más juntas de lo habitual. Por lo que he leído en foros, esto es algo a lo que mucha gente no termina de acostumbrarse con las EBMM. Pero mi experiencia personal, afortunadamente, ha sido todo lo contrario. En mi opinión, lo encuentro extremadamente cómodo, si bien el tacto de las cuerdas se nota un poco más duro de lo normal.

La forma de la pala es la habitual de las EBMM, es decir, parece que los jíbaros hubiesen hecho de las suyas con ella… 4 afinadores en el lado superior y 2 en el inferior. Las mecánicas son de bloqueo Schaller, que junto con el puente fijo de esta guitarra, mantienen la afinación a prueba de bombas.

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La extravagante forma de la cejuela sirve para compensar la entonación de cada cuerda para que el ajuste nos resulte más sencillo. Recientemente escribí a Music Man preguntándoles por el material del que está fabricada y me contesaron muy amablemente que el material es melamina. Las cuerdas van encauzadas prácticamente rectas a los afinadores sin retainers de ningún tipo.

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Como ya adelanté en una entrada anterior, la trasera del mástil está acabada al aceite y cera, lo que le aporta un tacto excelente, sin esa sensación pegajosa o sintética que a veces nos encontramos en otros instrumentos. El mástil está anclado al cuerpo mediante 5 tornillos sujetos con una placa metálica al estilo Fender. El talón ha sido redondeado para adaptarse a la forma de la mano, lo cual facilita más el acceso a los trastes superiores de lo que podemos encontrarnos en cualquier instrumento Fender. Aún así, sigue teniendo suficiente madera como para no perder transmisión de vibraciones. En mi opinión, sin duda el mástil es lo mejor de esta guitarra.

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Volviendo al cuerpo, el  puente es estilo tuneomatic, con la diferencia de que la pieza de cola, donde anclan las cuerdas, es de latón fijada al cuerpo con 3 tornillos, lo cual es clave en el tono de la guitarra, como aclararé más adelante. El puente aparenta gran calidad y, como podéis observar en la foto, sus partes móviles se pueden bloquear mediante un tornillo allen para mantener bien los ajustes.

Echemos un vistazo a su exagerada y alocada electrónica, lo más característico de esta guitarra. Ni más ni menos que 4 pastillas, todas fabricadas por Dimarzio: 2 humbucker Steve Morse Model en posición de mástil y puente, y 2 single coil custom entre ellas, todo ello aderezado con 3 conmutadores diferentes y dos potenciómetros, volumen y tono, respectivamente. Si bien los usuarios suelen referirse a este instrumento como la navaja suiza de las guitarras, muchos de ellos suelen perderse al operar los controles de conmutación, pues estamos hablando de 11 sonidos diferentes. Aunque entre ellos no encontramos ninguno en el que podamos operar las bobinas de las humbuckers por separado (splits coil), las combinaciones de humbucker y single coil son la mar de interesantes.

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La humbucker de puente es lo que se espera de ella: mucha salida, comprimida y con un carácter muy acentuado en las frecuencias medias, lo cual la hace pecar un poco de falta de graves. Parece que este efecto es deliberado para ajustarse a la manera de tocar de Steve Morse, que usa la pastilla de puente en la zona grave del diapasón (trastes del 1-10, más o menos) y la de mástil en la zona más aguda. Esto no es necesariamente negativo, pero conviene tenerlo en cuenta, porque no es algo que solamos esperar de este tipo de pastilla.

La humbucker de mástil también sorprende, esta vez por su salida especialmente baja que contrasta con la del puente, mucho más agresiva. Se trata de una pastilla ecualizada hacia tonos bastante graves, aunque para nada opacos, que era uno de mis grandes miedos. Además, algo que no esperaba para nada: una gran dinámica y articulación.

Las single coil tienen un carácter muy diferente que recuerdan un poco a una Telecaster, tanto en salida como en tonos. Son pastillas normales, sin cancelación de ruido y que, probablemente gracias a la pieza de cola de latón de la que hablaba más arriba, goza de un montón de twang. La más cercana al mástil, colocada en oblicuo, tiene menos salida que la otra, colocada recta, y podríamos describir su tono como una mezcla entre la pastilla del medio de una Stratocaster y la de mástil de una Telecaster, según coloquemos el potenciómetro de tono.

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Cada pastilla por separado suena bien, pero lo realmente mágico de esta guitarra es combinarlas. Lo que más me ha sorprendido en este aspecto es que, exceptuando la posición de humbucker de puente sola, el resto de tonos tienen un carácter muy clásico. Es como tener algo parecido a una Fender y que de repente, accionando un conmutador, se convierta en algo parecido a una Gibson. Hago hincapié en esto de “algo parecido”, ya que nadie debe llevarse a engaños. Es una guitarra con su propia personalidad. Podemos sacarle tonos de single coil, de humbucker, de algo parecido a P-90, incluso a guitarra semi-hueca. La pregunta que siempre me rondó la cabeza fue: ¿podré tocar blues, jazz o country con ella con un tono vintage convincente? Aunque pueda parecer lo contrario, la respuesta es sí. Definitivamente, el apelativo de navaja suiza de las guitarras es muy acertado.

El sistema de conmutación parece complicado al principio pero cuando interiorizas el concepto, es bastante intuitivo. El control de volumen y tono están muy bien colocados  y muy cerca de las cuerdas para poder hacer efectos de swell con ambos. Aunque, por otro lado, corremos el riesgo de accionarlos involuntariamente al tocar, al igual que ocurre con el conmutador de dos posiciones, así que habrá que acostumbrarse a ello.

Aun no lo he verificado, pero es muy posible que el potenciómetro de volumen, de 250k, lleve instalado un treble bleed, pues la señal conserva muy bien la integridad de sus frecuencias al bajarlo. Sobre el potenciómetro de tono, también de 250k, lleva un condensador de 0.047uF, lo que nos da un muy amplio recorrido recortando hasta frecuencias muy graves.

Antes comentaba que, para ser un diseño claramente inspirado en las guitarras Fender, el tamaño general era mucho más reducido que estas, sobre todo a lo ancho. En las siguientes fotos podéis apreciarlo.

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La construcción en general de la guitarra está muy cuidada, la calidad y la atención al detalle es indiscutible, como cabe esperar en una guitarra de este precio. Sobre ese asunto comentar que la diferencia de precios de EBMM entre USA y Europa es de unos 700 €, por lo que no es ninguna mala idea traerse una debajo del brazo si tienes la suerte de ir de visita por allí.

En conclusión, una guitarra muy bien hecha, muy cómoda de tocar y que sorprende por su amplia paleta de tonos disponible. Como ya he comentado, no me gusta mucho su excesivo peso, ni la disposición de los conmutadores, ni el tono de la pastilla     humbucker del puente, pero creo que es ideal si, como yo, buscas un instrumento con carácter clásico con el que a la vez puedas saltar a territorios más modernos pulsando un par de conmutadores. Su precio es una pasada, sí, pero hay guitarras tan caras como esta o más que no ofrecen ni la mitad de prestaciones o calidad en acabados.

Iré actualizando mis opiniones según vaya descubriendo más acerca de ella. Hasta entonces: Rocanroooool!!

 

 

 

 

 

 

 

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