MONTANDO TU PROPIA GUITARRA I

Llega un momento en la vida de todo guitarrista que es picado por la curiosidad de tener su propio instrumento personalizado. El mercado está lleno de marcas y modelos de instrumentos y es raro no encontrar uno que pueda adaptarse casi plenamente a nuestros requerimientos… pero también ocurre que cuando encontramos ese instrumento, en ocasiones, se escapa un poco de nuestro presupuesto.

Es normal, las cosas buenas hay que pagarlas, eso es así en todas partes. Pero, también ocurre que, a veces, esos instrumentos que se nos adaptan fenomenal por sus especificaciones vienen, en el mismo pack, con unos componentes “gourmet”  (valga la comparación) o simplemente el fabricante tiene un prestigio que hay que pagar sí o sí, y eso encarece muchísimo el precio final del instrumento.

Está claro que los que crean que un instrumento cinco veces más caro suena cinco veces mejor y quieran un instrumento absolutamente personalizado, con componentes “gourmet” y con unos acabados impecables acabará acudiendo a un luthier constructor  y encargándole su instrumento soñado  dejándose una buena cantidad de dinero, no hay otra manera.

Pero si lo que buscamos es un instrumento sin grandes pretensiones pero de buena calidad y que se adapte lo mejor posible a nuestros gustos, la opción de ensamblar nuestra propia guitarra, en mi opinión, es de tomar en seria consideración.

Hay que tener en cuenta que entre las ventajas que tiene construirte tu propia guitarra está el hecho de experimentar todo lo que quieras (o lo que te dé el presupuesto) en cuestión de configuración, y del estrecho vínculo que se crea con el instrumento. Pero hay que tener también en consideración que es fácil dejarse llevar y empezar a gastar dinero en este tipo de proyectos y terminar dejándonos una considerable suma con la que podríamos habernos comprado ese instrumento de gama superior del que hablaba al principio. Es muy importante tener claro lo que buscamos (lo cual no es nada fácil, ya lo veremos), cuanto más claras tengamos las ideas menos dinero malgastaremos.

También hay que mencionar que uno de los problemas de montar tu guitarra es si en el futuro decides o necesitas deshacerte de ella para recuperar tu inversión. Olvídate. Casi nadie quiere guitarras montadas por particulares y en el caso de que se venda, su precio se verá muy devaluado. Lamentablemente, aunque un instrumento ensamblado por partes sea tan bueno o más que un instrumento terminado por un fabricante a la gente le gusta que se pueda leer Fender o Gibson, o la marca que sea, en su pala… nadie, ni siquiera los músicos más místicos están a salvo del consumismo en la época de la globalización.  En fin, es importante tener esto en cuenta, si la montas vas a tener que quedártela.

Yo, personalmente, empecé a montar mi propia guitarra casi como un pequeño capricho. Estaba enamorado de las Ibanez RG y ese tipo de guitarras. Superstratos con Humbuckers  y puentes de bloqueo, mástiles delgados y diapasones planos. Aprovechando la “hucha” que tenía después de una temporada de conciertos (cuando en Madrid las salas pagaban a los músicos por tocar, y no al revés… qué tiempos aquellos…) decidí ensamblar una Stratocaster pero con una filosofía más moderna que había aprendido de las guitarras japonesas que me tenían enganchado. Mi intención primera fue tenerla como una segunda guitarra o incluso ni siquiera… una guitarra que pudiera sufrir los maltratos de unas vacaciones mientras las otras estaban en casa a salvo de golpes y temperaturas extremas.

Irónicamente, con el paso de los añP1080273os, según esta Stratocaster iba evolucionando (lo cual ha llevado muchos años… yo soy de los que no lo tenía tan claro.), las Ibanez iban desapareciendo de mi vida hasta llegar a hoy, donde mis guitarras principales se han reducido a dos Stratos ensambladas por mí, una HSS y otra SSS.

Igual es exagerado decir que el hecho de montar mi Stratocaster me enamoró tanto de esta guitarra que me hizo dejar de lado las Ibanez, porque son dos filosofías de instrumento totalmente diferentes (y diferentes las técnicas de ejecución en cada uno), pero en buena parte es así. Cacharrear con tu instrumento y verlo mejorar, enseñarlo orgulloso a tus amigos y recordar cada marca que le hiciste cuando se te escapó el destornillador te hace verlo con otros ojos.

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