Mantenimiento rutinario y otras recomendaciones de seguridad

La higiene está de moda. Muy, pero que muy de moda. A día de hoy, la gente no habla de otra cosa más que de lavarse las manos constantemente, limpiar su aliento a través de mascarillas de papel, mantenerse a una pulcra distancia del otro e intentar evitar esa graciosa costumbre de toserle en la cara al resto de individuos de su especie. Tanto es así, que este afán higienizador nos ha conducido a sanear las calles, los puestos de trabajo e incluso las estanterías del papel higiénico en los supermercados.

Aficionados.

De toda la vida, mi madre es muy relimpia. Ojo, no digo simplemente limpia. Estoy empleando un ficticio superlativo manchego para remarcar que su nivel de preocupación por la limpieza roza la enfermedad. Esta obsesión es, probablemente, una bonita herencia más de nuestro pasado árabe. De puertas para afuera consentimos vivir en la mugre (hablo de mi experiencia como madrileño), pero de puertas para adentro podrías comer sopas en los suelos. Justo lo opuesto a lo que les sucede a todos nuestros blanquitos vecinos al norte de los Pirineos.

La cuestión es que, como podéis imaginar, de tal palo, tal astilla. Haber crecido en un lugar parecido a una patena, en la dictadura de la pulcritud, te marca. Y mucho.

Por ejemplo, me ha condicionado para que siempre haya tratado todas mis cosas en general, y mis instrumentos en particular, con el mayor de los mimos. Gracias a esto he podido constatar en mis propias carnes cómo un cuidado y limpieza regular puede ayudar a prolongar la vida de tu equipo. Y como ventaja, que no te deje tirado en el momento más inoportuno.

Como lutier, pasan por mis manos muchos instrumentos y me llaman la atención poderosamente aquellos de corta edad y hechos un eccehomo. Si bien hay muchos que provocáis un deterioro deliberado para tratar de conseguir esa estética relic que tan de moda está también estos días (no está de más recordaros que esa estética no está reñida con la correcta funcionalidad del instrumento), otros muchos lo hacéis por simple desconocimiento o dejadez. “¿Qué quieres? Llego a casa a las tantas del ensayo, y encima, pedo…”, me dijeron hace poco. Hay instrumentos que únicamente se limpian en el taller del lutier.

Un entorno hostil

Nuestro equipo vive en ocasiones en entornos poco amigables. Por ejemplo, no todos los lugares de la casa son los adecuados para tu instrumento.

Puesto que la madera es un material que reacciona ante los cambios de temperatura y humedad en el ambiente, debemos evitar almacenar los instrumentos cerca de radiadores o fuentes de aire acondicionado. Si además tienes la necesidad de tender la colada dentro de casa (lo que eleva el nivel de humedad), el mejor lugar para tu guitarra o bajo será cerrado dentro de su estuche en el lugar más alejado posible.

Por la misma razón, evitad los maleteros de los vehículos durante más tiempo del estrictamente necesario. Especialmente en las temporadas de mayor frío y calor. Y siempre mejor dentro de su estuche. Las fundas blandas están muy bien para llevar la guitarra de casa al local de ensayo, pero si va a compartir espacio con otro material duro y pesado, más vale que esté bien protegida.

Y hablando de locales de ensayo… Quiero pensar que en alguna parte existen esos espacios de fantasía que a veces aparecen en los irreales mundos de YouTube o Instagram, donde todo está limpio y ordenado. Que huelen bien y en los que es un placer practicar el bello arte de la música.

Lamentablemente, mi experiencia me dice que la realidad se asemeja más a Chernóbil que a esos otros bucólicos lugares. Debemos ser especialmente cuidadosos, pues en la mayoría de ocasiones suelen ser espacios confinados, llenos de cables, pedales, botellas, papeles, tabaco, chapas y otras cosas por el suelo. Donde es fácil que otros miembros de la banda pisoteen nuestro equipo y lo golpeen. Aquí no solo cubriremos el instrumento con nuestro sudor habitual. Gracias además a la manía de instalar moqueta en estos lugares, partículas de polvo y ácaros del tamaño de Wisconsin, nicotina, y alguna que otra bebida derramada por accidente acabará antes o después cubriéndolo todo.

Almacenamiento

¿Qué podemos hacer con nuestros instrumentos cuando no los llevamos colgados? Como acabo de comentar, el lugar donde estarán más protegido es su estuche.

Un pequeño apunte sobre ellos: no todos son adecuados. Algunos instrumentos tienen una pala o un mástil angulado. Aseguraos de que vuestra guitarra descansa apoyada completamente sobre su cuerpo y no apoyada sobre estos. Además del riesgo de deformación de la madera, tendremos constantes problemas de estabilidad en la afinación y desajustes del alma. Si esto ocurre, tratad de solucionarlo calzándola con espuma donde corresponda o, directamente, cambiad de estuche por uno apropiado.

Cuando esté fuera de su funda, podéis usar soportes de guitarra. Aseguraos que están correctamente desplegados, que son estables y firmes. Hay que tener precaución con sus partes acolchadas: algunas de las espumas empleadas pueden atacar a la nitrocelulosa, si es que nuestro instrumento tiene este tipo de acabado.

Otro elemento que es mejor evitar son los soportes de pared. Como aquellos de las tiendas, donde el instrumento cuelga de la pala. Muchas guitarras y bajos con problemas de desajustes y deformaciones en la pala y el mástil que he atendido han estado colgados mucho tiempo. Me baso en la estadística de mi propia experiencia.

Ni que decir tiene que evitéis, siempre que podáis, dejar la guitarra apoyada en el amplificador o similar. Supongo que hay suficientes Gibson con la pala rota ahí fuera para que la mayoría de nosotros esté ya a estas alturas prevenido de qué puede ocurrir. Aun así, no conviene dejar de recordarlo y de paso informaros de que las guitarras Fender también son susceptibles de padecer este mal.

Otra importante recomendación más a la hora de almacenar vuestro instrumento es evitar ejercer presión sobre el diapasón. Las cuerdas pueden abollar los trastes. Almacenadlo o transportadlo siempre en vertical. Si es en horizontal, hacedlo siempre boca arriba. Si va en funda blanda en lugar de estuche, no pongáis nada encima.

Podéis usar este útil invento para proteger los trastes, o bien fabricaros uno vosotros mismos.

Si tenéis que almacenarla por un tiempo, aflojad ligeramente las cuerdas. Entre medio tono y un tono será más que suficiente.

El problema con la suciedad

“El cristal cuando se empaña, se limpia y vuelve a brillar”, cantaban Los Chichos. Pues lo mismo pasa con los instrumentos… hasta cierto momento. El sudor es una sustancia corrosiva. Su cantidad y nivel de acidez cambia de una persona a otra, pero generalmente termina atacando en mayor o menor medida a nuestro instrumento. Además, mezclado con el polvo del ambiente y otras sustancias, se crea un pastiche bomba que araña y deja sin brillo los lacados, y oxida y corroe las partes metálicas. Podéis imaginaros cuáles de estas son las más críticas: las cuerdas, los trastes y las selletas del puente.

Por ello, al igual que la canción de Los Chichos, la guitarra cuando se mancha, se limpia y vuelve a brillar. Pero si se mancha un día tras otro, dejamos que la grasa se acumule y campe a sus anchas, y aquello no se limpia en meses, podemos encontrarnos con sus devastadores efectos. Es algo parecido a no lavarse nunca los dientes.

Seguro que casi todos habéis reparado en la costra ocre que se forma bajo las cuerdas cuando has pasado un tiempo sin limpiarlas. Especialmente apreciable en las planas. Es grasa de las manos mezclada con el óxido del metal que se empieza a formar. Una auténtica lija para los trastes en que apoyan. Tocar con cuerdas en este estado los desgasta muchísimo más deprisa.

Si bien las lacas modernas como el poliéster y el poliuretano aguantan muy bien la corrosión del sudor, no ocurre lo mismo con la nitrocelulosa. Dejar marcas de sudor durante días o semanas puede conducir a la formación de un barro tóxico que arruine el acabado. En este caso, para restaurar su aspecto original, habrá que someterla a un pulido. Pero, ojo, la cantidad de pulidos que puedes aplicar a un acabado es muy limitada. Pensad que consiste en usar un abrasivo para eliminar las capas superiores de barniz.

Limpieza regular de la guitarra y el bajo

Dicho todo esto, lo más lógico es limpiar el instrumento después de cada uso, antes de que se acumule la roña.

Yo humedezco una parte de un paño y con ella limpio una por una cada cuerda. A todo lo largo, un par de pasadas. Veréis que deja una línea negra en trapo. Es buena señal. Después con otra parte húmeda paso a lo largo del diapasón para quitar la grasa de los trastes. Seco inmediatamente. A continuación, las partes donde más rozan nuestras manos y brazos, el puente y las selletas, la pastilla de puente, golpeador, la zona donde apoya el antebrazo. Entre los botones de volumen, tono y el selector de pastillas. Lo paso de nuevo con la parte seca del trapo y finalmente doy una pasada a la trasera del mástil y los botones de los afinadores. Si queréis rizar el rizo, afinadla antes de guardarla para que la tensión sea estable.

He tardado más en redactar este proceso que lo que se tarda en realizarlo, os lo aseguro. En un par de minutos queda lista y estaréis prolongando su vida una barbaridad.

No está de más revisar de vez en cuando la firmeza de los botones de la correa. Si no quedan completamente firmes tras apretar el tornillo, debéis repararlos cuanto antes. No os la juguéis o vuestro instrumento puede acabar hecho trizas en el suelo. Aquí tenéis cómo hacerlo.

Amplificadores y pedales

Las recomendaciones para estos aparatos son también muy lógicas. Su mayor enemigo es el polvo. Este, además, se acumula en mayor medida que en otros lugares debido a que la electricidad estática que genera, lo atrae. No es raro retirar la carcasa de un equipo eléctrico y que su interior parezca la bolsa de un aspirador.

El polvo, obviamente, no es problemático con la circuitería, pero lo es con las partes mecánicas. Estas son los potenciómetros y los conectores. La suciedad acumulada aquí puede provocar desde ruidos a falsos contactos, lo que puede traducirse en picos de señal que fastidien algún componente.

Las fundas para los amplificadores son realmente útiles cuando estos no están en uso. Si son impermeables, mejor. Es recomendable también cubrir los altavoces, no solo el cabezal. Evitaremos que el polvo, a la larga, deteriore el cartón de los conos.

Los amplificadores de válvulas son equipos delicados. Cogen mucha temperatura y esto vuelve sensibles a los golpes tanto a las propias válvulas como a las soldaduras de la placa. Dejadlos enfriar al menos 5 minutos tras apagarlos antes de moverlos a ningún lado.

Valga esta recomendación también para los amplificadores de estado sólido (transistores). Si bien no se calientan tanto como los anteriores, hay ciertas partes del circuito donde se puede producir una soldadura fría por un meneo mal dado.

Volviendo a los amplificadores de válvulas, haced un uso correcto del botón de stand by, si dispone de él. Aquí tenéis más información al respecto.

Los pedales, al estar cerca del suelo, son especialmente susceptibles a mancharse con el polvo en cada pisotón. Lo mismo que lo dicho anteriormente. Cuando no estén en uso, mejor dentro de una maleta, bolsa o caja. No está de más limpiarlos de vez en cuando con una brocha seca y un trapo húmedo.

Cables

¡Los grandes olvidados!

Los cables de cierta calidad están pensados para soportar los rigores del mundo del espectáculo. Pero eso no quiere decir que sean indestructibles. Siguiendo unos sencillos cuidados podréis pasar con vuestros cables prácticamente el resto de vuestros días.

Lo más evidente es evitar los tirones de la clavija. Conviene usar el típico truco de enganchar el último tramo del cable con la correa del instrumento. De esta manera en caso de tirón, la presión no se ejerce sobre el conector y la soldadura, la parte más débil.

El menos evidente quizá es la forma de recogerlo. Es importante tener presente que el cable no es una cuerda. Olvidaos de enrollarlo entre vuestra mano y vuestro brazo, como si fuese una soga. En su lugar, enrolladlo sin retorcerlo en aros de unos 30cm de diámetro. Evitad doblar los tramos de los extremos sobre el aro al final. Mejor usad unas tiras de velcro para evitar que se desenrolle. Recordad que lo que hay en el interior de esa funda de plástico son hilos de cobre, que se terminan rompiendo con las torsiones recurrentes producidas en los mismos lugares.

 

Al igual que los pedales, el cable suele rebozarse bastante por el suelo. Pasarles una bayeta húmeda de vez en cuando no les hará ningún mal y evitareis pingaros las manos antes de ponerlas sobre vuestros queridos instrumentos.

Revisad periódicamente que se encuentren en buen estado. Especialmente los cables de carga, los que unen los amplificadores con las pantallas. Estos llevan bastante corriente y un mal contacto puede provocar un pico de tensión que se lleve por delante vuestros altavoces.

Herramientas

No está de más tener un set básico de herramientas.

Hagas tus propios ajustes o no, estas son, en mi opinión, las básicas que cada músico debería tener más o menos a mano:

-Nada limpia como un paño de algodón. También las balletas de microfibras funcionan muy bien, aunque mejor para instrumentos lacados con poliuretano. Estas pueden dejar micro arañazos en lacas más blandas como la nitrocelulosa. Sobre los productos específicos de limpieza como los Fast Frets y cosas así, a mí me parece tirar el dinero.

-Aceite de limón, por ejemplo, el famoso que vende Dunlop para hidratar el diapasón de maderas desnudas (palorrosa, pau ferro, ébano, etc.) después de haberlo limpiado tras cada cambio de cuerdas. Un apunte menos obvio de lo que parece es que los diapasones de arce, casi siempre y aunque no lo parezca, vienen barnizados. En ellos no hay que aplicar este aceite, basta con limpiarlo con un trapo húmedo. Las excepciones son aquellos acabados con aceite y cera (Music Man) en cuyo caso usaremos los productos específicos que indique el fabricante.

-Una manivela para enrollar cuerdas nos hará la vida muchísimo más fácil. Además, las cuerdas quedarán asentadas de manera más consistente. Aseguraos de comprar una con la cabeza bien grande, que quepan varios tipos de clavijeros. Por lo general suelen tener una hendidura muy útil para apalancar y extraer los pines de las guitarras acústicas.

-Casi todas las guitarras tienen alguna parte ajustable con llaves allen. Generalmente el fabricante suele incluirla entre los accesorios, pero no está de más disponer de un juego completo. Aunque no poseas demasiados conocimientos de ajuste, siempre puedes salvar una situación de trasteo repentino provocado por un cambio de humedad retocando la altura de una selleta o un apretoncito al alma. Las guitarras Gibson y Rickenbacker suelen ajustar esta con una llave de cazoleta especifica. Tened en cuenta que los instrumentos hechos en EEUU emplean tornillería en pulgadas, a diferencia de las métricas que usamos en Europa o Asia. No todas las llaves nos valdrán para todas las guitarras.

Los tornillos del puente se suelen saturar con óxido y grasa de las manos, especialmente allí donde estas descansan al tocar. Si hay que mover un tornillo que está gripado, no lo forcéis. Aplicad un poco de lubricante tipo 3 en 1, dejadlo actuar unos minutos y volved a intentarlo. Si sigue sin moverse, acudid a un profesional. Romper o pasar una cabeza siempre es mucho peor.

-Destornilladores de cabeza plana y Philips, para el resto de tornillos.

-Alicates de corte para seccionar los sobrantes de las cuerdas.

-La llave inglesa nos resultará útil para ajustar las tuercas de los clavijeros o los potenciómetros que eventualmente se aflojen. Hay que usarla con cuidado porque se nos puede escapar y marcar el acabado del instrumento. Si pueden ser llaves fijas de tubo, mejor que mejor.

-Disponer de un limpia contactos de residuo 0 para electrónica nos salvará de ruidos indeseados tanto en los potenciómetros y conexión jack de nuestra guitarra, como en los de nuestros amplificadores y pedales. No es imprescindible, pero es muy útil. El WD40 es el mejor que he probado hasta ahora. Eso sí, cuidado que no salpique en un acabado nitro.

Conclusión

Dice Cristina Morales, que la higiene es la antesala del fascismo. En esta ocasión deberíamos hacer una excepción en aras de un bien mayor de conservación y estabilidad de nuestro equipo. Pequeños cuidados pero constantes nos harán gozar durante mucho tiempo de sensación a nuevo. Además, en estos días de encierro forzoso en casa por coronavirus, ¿qué mejor plan que hacer limpieza general?

 

 

 

4 Comments

      1. Alejandro

        Que tal
        Conoces alguna manera de rectificar el mastil de una gibson SG?
        Parece bate de beisbol!!!!! No se puede tocar y esta mas pesado que el cuerpo, si lo suelto car al piso!!!!
        Saludos

        1. Hola! A qué te refieres exactamente con rectificar? A ajustar el alma? o a quitarle madera para dejarle un perfil más fino? El perfil del mástil de la SG Standard es más grueso que el de la R’61, pero tanto como un bate de beisbol… El tema de que cabecee, y que si lo sueltas, el mástil va para el suelo también es otra legendaria característica de esa guitarra. O sea, que la respuesta sería, más o menos: la guitarra es así, no le pasa nada malo. 😉 Bien ajustada no debería darte problemas a la hora de tocar. Otra cosa es que no te hagas al tamaño y perfil del mástil…

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