REPINTADO UN INSTRUMENTO – PARTE II

Arrancamos esta segunda parte del artículo recapitulando brevemente lo que ya hemos hecho hasta ahora: hemos desmontado el instrumento por completo, hemos retirado la pintura con alguno de los métodos propuestos, hemos reparado los desperfectos de la madera con masilla, lija y vapor, hemos lijado de nuevo para nivelar y suavizar, y por último hemos sellado los poros en aquellas maderas en las que más pronunciados son estos. En este punto, y si no hemos tirado la toalla aún tras este apocalipsis de serrín y dolor muscular, deberíamos tener preparadas ya las piezas para empezar a aplicarles la pintura. Pero, ¿qué tipo de pintura?

Como algunos ya sabréis, existen varios tipos. Las más comunes que se suelen usar en guitarras y bajos suelen ser el poliéster, el poliuretano y la nitrocelulosa.

Las dos primeras son pinturas bi-componente (llamadas así porque se componen de la pintura y el catalizador) que tienen unos tiempos de secado muy rápidos, se endurecen mucho y permiten un nivel de pulido y abrillantado espectacular. Son los tipos de pintura para instrumentos más empleados del mundo.

La nitrocelulosa, por otro lado, es una pintura mono-componente, que al contrario que las anteriores, tarda mucho en secar (de 3 a 4 semanas), es muy frágil y susceptible a roces y golpes (por no hablar de productos como el alcohol, el disolvente o las espumillas de la mayoría de los soportes de guitarra) y aunque también se consigue un gran nivel de brillo, no le suele durar demasiado tiempo. Como os podéis imaginar, estos tres factores van en dirección opuesta a lo que serían los intereses de cualquier compañía de instrumentos que realice una fabricación en serie. ¿Quién querría entonces perder su tiempo y su dinero en emplear la nitrocelulosa en sus instrumentos si todo son inconvenientes?

Bueno, existe una razón poderosa: este tipo de pintura deja respirar y vibrar libremente la madera como ninguna otra lo hace y es por esta razón que este tipo de acabado solo se emplea en instrumentos muy selectos (y preciados). Aunque esta cuestión ha sido debatida durante años (y probablemente lo seguirá siendo por los siglos de los siglos en esos campos de batalla de internet llamados foros) yo tengo que decir, en mi humilde opinión, que tras repintar una guitarra que conocía muy bien como es la Jack and Danny Telecaster, la diferencia en el tono y el sustain es (¡alerta, spoiler!) espectacular.

Otras cosas en favor de la nitrocelulosa respecto a los acabados bi-componentes es que el fundido entre capa y capa de pintura es perfecto, el lijado es muy fácil y se puede retocar y reparar de manera sencilla, lo cual la hace parecer bastante adecuada para los principiantes como yo. ¿Que tardaré una semana en pintarla y otras cuatro en el secado? Pues… ¿qué le vamos a hacer? En mi opinión, la espera merece la pena.

Hay que decir que también existen unas nuevas pinturas con base agua, en lugar de disolvente, mucho más amigables con el medio ambiente y no tan extremadamente tóxicas como las que vamos a usar. Lamentablemente no tengo experiencia con ellas ni hay demasiada información al respecto así que poco os puedo contar. Si en el futuro tengo oportunidad de trabajarlas, actualizaré este artículo.

Una vez hemos elegido el tipo de pintura debemos elegir el método para aplicarla. Desde hace unos pocos años a esta parte han aparecido pinturas para guitarras de diversos colores en formato de bote de spray, lo cual es genial y nos facilita mucho la vida porque, a no ser que planeemos pintar un número descomunal de instrumentos, el desembolso en un equipo de pintura no merece la pena.

En mi caso particular, acabé comprando un compresor de aire de 25 litros y 2 CV de potencia, un buen filtro de agua (fundamental para evitar que la humedad que se condensa en el depósito del compresor nos arruine el trabajo) y una pistola de pintura. Esta trae el depósito en la parte superior (detalle muy recomendable) y además dispone de controles de caudal de aire, cantidad de pintura y apertura del abanico. La boquila es de 1 mm, lo cual es un poco pequeña (se suele usar 1,8 mm), pero me vendrá muy bien en el futuro para trabajos de degradado tipo sumburst. Tanto la pistola como el filtro son de la marca española Sagola.

El siguiente paso, y más importante, es encontrar el lugar donde hacerlo. No todo el mundo dispone de una cabina de pintura con extracción de aire, lo cual sería lo perfecto, pero si no disponéis de un lugar amplio, ventilado (mucho) y en el que no molestéis a nadie, mejor id olvidándoos del tema. Si se os ocurre hacerlo en un interior, por mucho que tengáis una ventana abierta, la sala se llenará inmediatamente, a la primera descarga de la pistola, de una niebla toxica que no os dejará ver absolutamente nada, ni tampoco respirar por muy buena que sea vuestra máscarilla. Además, esos vapores son altamente inflamables, así que no debería haber nada alrededor, ni mecánico ni eléctrico, que pudiese producir una chispa. Exteriores como una terraza amplia, un patio o la rampa de un garaje, por ejemplo, con unos paneles de madera o cartón colocados estratégicamente para controlar el polvo, nos podrían valer.

Debemos encontrar también un lugar libre de polvo en el que poder colgar nuestros jamones para que se sequen adecuadamente. La pintura, como la vamos a aplicar en capas muy finas, estará seca al tacto en 25 ó 30 minutos, así que tampoco es necesario ponerlas en la cámara de seguridad del Casino Bellagio pero al menos que no estén encima del banco donde estáis cortando madera o lijando.

En la siguiente foto podéis ver la cabina casera que, inconsciente de mí, monté con las 4 cortinas de ducha más baratas que encontré (y las más horteras también, por cierto), con la idea de usarla para pintar dentro. Después del desagradable primer y último intento en el que estuve a punto de morir por asfixia decidí reconvertirla en una estupenda cabina de secado libre de polvo 😉

Por último, pero no menos importante, debemos hacernos con un equipo de seguridad adecuado. Si nos intoxicamos, asfixiamos y morimos, dejaremos nuestro trabajo a medias y nunca veremos nuestra querida Jazzmaster acabada en ese color rosa chicle que tanto nos quita el sueño, y eso nos perseguirá eternamente en la rueda del Samsara… ¿Qué mal rollo, verdad? Pues no escatimemos en adquirir una buena máscara a prueba de gases (las podemos encontrar por unos 40€), gafas de seguridad, guantes de nitrilo, un gorrito de lana que además de darnos apariencia de cocinero de metanfetaminas del medio oeste norteamericano protegerá nuestras melenas de la laca, y ropas viejas de manga larga. La nitrocelulosa es MUY tóxica, así que intentad mantener vuestro cuerpo serrano aislado de ella lo máximo posible.

Bien, pues ya lo tenemos todo: las maderas preparadas, las pinturas elegidas, el sistema y el lugar para aplicarlas y secarlas, y el disfraz de Banksy. Y ahora, ¿qué? Pues ahora necesitamos entender la mecánica de todo esto para que nuestro trabajo sea todo un éxito.

La primera fase consiste en aplicar una base, imprimación o tapa poros, como queráis llamarla. Esta capa inicial, aparte de facilitar la fijación de las sucesivas capas de pintura a la madera, nos ayudará a cerrar el poro de esta para impedir que absorba más pintura por unas áreas que por otras. Si recordáis el artículo anterior, habíamos aplicado la pasta Grain Filler con este mismo propósito, pero solo en las maderas donde el poro es muy grande, como el cuerpo de caoba de nuestra Stratocaster o la cutre madera laminada del bajo Precision. Para maderas como el aliso, el fresno, el tilo o el arce podemos aplicar directamente la imprimación.

Según el acabado que vayamos a realizar, existen imprimaciones de color blanco y transparente. Usa la primera con colores sólidos para evitar que queden muy oscuros, y la segunda, obviamente, en aquellos en los que quieras que la veta quede a la vista.

En caso de que lo que busquéis sea un acabado transparente con la madera tintada hay dos opciones: la primera es tintar la propia madera, en cuyo caso si en un futuro queréis teñirla con un tono diferente tendréis que luchar con los restos del antiguo, por mucho que lijéis. Habréis de mezclar unas gotas del tinte que escojáis con disolvente y como un 10% de laca para que se adhiera a la madera. Una vez seco, lijad suavemente con lija P400 y repetid este proceso hasta llegar al tono deseado. Recordad que el resultado final es un poco impredecible porque una vez lacada y pulida la pieza cambia bastante. Este proceso se sitúa entre la aplicación de Grain Filler si la hubiera y la aplicación de la imprimación.

La segunda opción es tintar la laca de acabado, es decir, después de la imprimación transparente. Igual que en el anterior, hacedlo poco a poco para no pasaros y dejar la pieza muy oscura.

La marca de pinturas que yo he usado es Nitorlack, fabricadas en España y de muy buena calidad. Tienen un producto específico para aplicar como base, pero también podemos usar la laca que vayamos a utilizar para el acabado, diluida con disolvente al 50%. Esto hará que la mezcla quede bastante liquida (poco espesa) y penetre con facilidad en los poros, sellándolos tras varias capas. Debido precisamente a esto, y para evitar descuelgues, es necesario que las capas que apliquemos sean muy finas.

Protegeos siempre que manipuléis la pintura y el disolvente. Haceos con una jarra de vidrio con medidas de las que venden para cocinar, así controlareis la cantidad de liquido que usáis en capa aplicación. Yo suelo usar aproximadamente unos 30 ml para los cuerpos y 10 ml para los mástiles.

Si, como fue mi caso, es la primera vez que usáis una pistola de pintura, os recomiendo que practiquéis antes con un pieza de descarte de madera. Ya sé que en este punto estaréis ansiosos por empezar a ver evolución en vuestro trabajo, pero tened paciencia y dedicadle un rato a familiarizaros con la pistola y sus ajustes: el caudal de aire, la cantidad de pintura lanzada y el abanico.

Si los botes de pintura están muy fríos (porque la temperatura ambiente sea baja) es recomendable atemperarlos hacia los 18 ó 20 grados poniendo los botes en un cubo con agua tibia un rato antes de usarlos. Agitad bien la pintura antes de usarla.

Ajustad la presión del compresor para estar entre 2,5 y 3 kilos cuando estéis tirando la pintura (no en reposo, ojo). Tratad de mantener una distancia constante de unos 20 ó 25 cm a la madera y no disparéis nunca directamente a la esta; comenzad tirando a la nada y moved el chorro hacia la pieza, ya que así el caudal estará más estabilizado. Las pasadas deben ser rápidas para evitar que se acumule más pintura en unas zonas que en otras y cruzándolas para cubrir la mayor parte de superficie posible de manera eficaz. No es obligatorio cubrir la madera por completo en la primera mano de imprimación. Recordad esto como un mantra: es preferible aplicar muchas capas finas que menos capas pero más gruesas.

Sobre la manipulación durante el pintado, existen muchas técnicas. Hay quien cuelga el instrumento de un gancho y le tira la pintura, en vertical. Otros pintan con la pieza fija en horizontal, sin que se mueva, fijada por ejemplo, a un banco de trabajo atornillada desde el neck pocket. Se pintan los laterales y una cara y, tras unos minutos de secado, se le da la vuelta y se pinta la otra cara. Creo que esta es la mejor técnica porque nos permite tirar capas muy finas de pintura minimizando el riesgo de tener descuelgues o goterones y además se pierde mucha menos pintura. Debo decir que, por ciertos motivos logísticos, yo no he pintado así, pero es como trataré de hacerlo en el futuro y es la manera que recomiendo para obtener los mejores resultados.

En mi caso, y pintando en exterior, pinté sujetando el cuerpo por el improvisado mango del que os hablé en el anterior artículo y tratando de mantenerlo lo más horizontal posible, le fui aplicando capa tras capa. Debéis empezar siempre por los bordes y seguidamente las caras.

La siguiente foto también es un spoiler, de una fase del proceso más avanzada, pero os servirá para haceros una idea de la manera en que lo hice.

Una vez pintada, la dejamos secar en nuestro lugar especial.

Respetar los tiempos de secados de la pintura es fundamental. Estos cambian de fabricante a fabricante y dependiendo del tipo que usemos (poliuretano o nitro), así que tendréis que leer y tener presente que tipo de producto tenéis entre manos. En mi caso, como ya he dicho, uso Nitorlack y para imprimación nitro tiene un tiempo de secado de dos horas con un máximo de tres manos por día.

Pasadas las primeras dos horas podéis coger la pieza, pasarle un trapo de algodón seco para quitarle las partículas de pintura y polvo superficiales y examinarla detenidamente. Si observáis defectos de nivelado es momento de coger la lija. Un grano P340 debe serviros en el caso de la nitro para empezar y subiremos poco a poco hasta llegar a P800. Pasamos la lija muy suavemente hasta dejar la superficie perfectamente lisa. No os preocupéis si descubrís un poco la madera en esta fase. Os recomiendo usar una esponja para darle firmeza a la lija a la vez que nos adaptamos a los contornos de la guitarra.

Tened paciencia, el lijado entre capas es desesperante, pero no hay nada que hacer. Habrá momentos en los que paséis un par de horas lijando, hasta el gorro, penséis que estáis haciendo algo mal y decidáis apretar más fuerte la lija para terminar antes. Error. Si cometemos un fallo por apresurarnos tendremos que empezar de nuevo y arruinaremos muchas horas de trabajo.

Aquí es donde empezareis a entenderé por qué algunos lutieres cobran tanto dinero por cambiar de color un instrumento. 

No os preocupéis si no habéis cubierto el poro completamente en esta primera pasada, sobre todo en maderas con el poro tan grande como la caoba, es recomendable aplicar al menos cuatro manos de imprimación.

Si hemos tenido un goterón, es mejor no tocarlo en el momento con la pintura aún fresca. Lo dejaremos secar y luego podemos cortarlo con una cuchilla y nivelarlo con lija.

Seguimos aplicando la imprimación y lijando suavemente entre manos hasta conseguir una superficie lisa, suave y sin imperfecciones.

En total, contando imprimación, color y laca, deberíamos aplicar unas 12 manos finas, para asegurar un acabado que deje respirar y vibrar libremente el instrumento y que a la vez tenga grosor suficiente para que la madera esté protegida de la humedad y la suciedad.

Un punto muy importante a tener en cuenta es el cuidado del equipo de pintura. Purgad el compresor de vez en cuando para sacarle el agua condensada, ya que la corrosión avanza más rápido de lo que parece. Cuidad también de que su nivel de aceite sea correcto y no lo volquéis nunca, pues el aceite puede ir hacia las partes equivocadas del motor y averiarlo. Purgad de vez en cuando también el filtro del agua exterior y, lo más importante, cuidad la pistola.

Tener que limpiarla cada vez que se usa es tedioso, lo sé, pero es la única manera de mantenerla en buenas condiciones. Desmontad las partes principales y retirad cualquier resto de pintura o laca con disolvente. Cuando terminéis con el proceso de pintura y no vayáis a usarla en unos cuantos días (o semanas, o meses) desarmadla completamente y limpiadla a conciencia, poniendo una gotita de grasa para metal en las roscas y partes móviles (nunca en el paso de la pintura).

Ni que decir tiene que, si estáis usando diferentes colores para pintar varias piezas al mismo tiempo, tendréis que limpiar el depósito, la cánula y la boquilla para que no se mezclen. Prestad especial atención a esto si estáis aplicando un color metalizado ya que el resto de vuestras piezas de madera pueden acabar con unas bonitas motas tipo purpurina.

…Y por el momento, me despido de nuevo, que creo que tanto el tamaño de este capítulo como la cantidad de información se me empiezan a ir de las manos.

El próximo capítulo incluye el vibrante final y la conclusión de este calvario. ¡Ánimo que ya solo nos queda lo más divertido!*

 

*Bueno, diversión, diversión… no necesariamente. 😉

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