Customización de una Yamaha Revstar 620

Quién podría imaginarse la que se me venía encima aquella soleada mañana cuando descubrí una llamada perdida y un correo electrónico de Yamaha. Como si de algo que pudieses encontrar en el País de las Maravillas de Alicia, el mensaje era claro: “Llámame”.

Como soy muy bien mandado, como Alicia, devolví esa llamada. Y al igual que ella, lo que se desencadenó entonces tuvo consecuencias absolutamente inesperadas…

Yo, que una vez juré puño en alto como Scarlett O’Hara, que nunca más volvería a decapar una guitarra en poliuretano, estaba a punto de tragarme mis propias palabras. Una vez más.

Una vez reunido con los amigos de Yamaha, me contaron que su intención era organizar un concurso a través del portal de Guitarristas.info para promocionar el modelo Revstar 620. La idea era que el ganador elegiría hasta 4 modificaciones y yo, aparte de llevarlas a cabo, debía publicar periódicamente el proceso en el mencionado portal. Ellos se pusieron “ofrecíos” y yo, no me pude negar 😉

Lo que hoy os traigo es un pequeño gran resumen de esa customización, que podéis encontrar completa aquí.

La guitarra

Se trata de un modelo que Yamaha lanzó hace pocos años. Aparentemente, la marca pasó un tiempo realizando un sondeo entre guitarristas, preguntándoles por sus especificaciones favoritas. Su idea era crear un instrumento nuevo pero que resultase familiar a la comunidad de las 6 cuerdas. De ese gazpacho de opiniones nació la Revstar.

Según mi punto de vista, tiene una clara inspiración de los modelos de Gibson. Un cuerpo de caoba con tapa de arce y doble cutaway con una forma que nos recuerda a la Yamaha SG2000. Un mástil de caoba encolado, con un perfil parecido al de una Gibson Les Paul. También un par de humbuckers y un puente fijo.

Las diferentes series presentan variaciones de pastillas, puentes y acabados. Los modelos más accesibles y de gama media están fabricados en mi querida Indonesia y los más caros, en mi no menos querido Japón.

El reto

Las modificaciones elegidas por el ganador fueron las siguientes:

-Cambiar la cejuela original por una de hueso tallada a medida.

-Cambiar las pastillas por unas Seymour Duncan. En principio eligió la clásica pareja JB y Jazz, pero más tarde cambió su elección por algo más acertado (en mi opinión) y versátil: P-Rails con marcos Triple Shot.

-Botones de volumen y tono de plástico negro al estilo de las Les Paul Custom.

-Retirar el acabado original y reacabarla al aceite y cera. Sin ningún tipo de tinte en las piezas de caoba y con un tinte blanco en la tapa.

Los riesgos

El decapado completo de un instrumento siempre conlleva ciertos riesgos, especialmente cuando se trata de retirar laca de poliéster. El material es tan duro que arrancarlo por completo de la maderas puede resultar en algunas áreas, devastador.

Además, al requerir un acabado natural, no nos podemos permitir un roto que, en un acabado sólido o barnizado podríamos disimular con un pegamento o masilla.

Por otro lado tenemos un binding que recorre el cuerpo y el mástil por completo. Retirar el barniz sin dañarlo será todo un reto. Y por último, pero no menos importante, la peliaguda tapa de arce flamígero. En este caso, como corresponde a esta gama de instrumentos, es una chapa extremadamente fina. Decaparla sin desgastarla más de la cuenta será un milagro.

Primer vistazo

Yamaha nos envía una guitarra recién salida del horno. Perfectamente embalada en su funda acolchada y caja de cartón.

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El ajuste de fábrica es bastante bueno. Habría que retocarla un poco, como a todas las guitarras nuevas, pero no nos vamos a detener en eso ahora. Nuestro encargo es descuartizarla y desollarla. Pero para bien 😉

El desmontaje

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El diapasón se va a librar de trabajarlo, así que lo cubrimos bien para que no sufra daño alguno.

Rascando la pintura conductiva de la cavidad de las pastillas vemos la distribución de las maderas del cuerpo y su grosor.

Como podéis ver, la chapa de arce ya es extremadamente fina incluso con la capa de barniz que aún la cubre. La operación va a ser muy complicada.

El decapado

En esta serie de artículos ya hablé sobre el decapado. En esta ocasión, nos decantamos por un método que no había mencionado entonces. El lijado no tiene sentido, ya que en un acabado tan duro como el que tenemos delante, las lijas no le harán ni cosquillas. El decapante químico y la pistola de calor están descartados también, ya que destruirían el binding.

La única manera de hacerlo es mediante el acuchillado. Nos hacemos con un set de cuchillas bien finas y afiladas y vamos “pelando” el barniz pasada a pasada. Es un trabajo lento y muy duro, pero mucho más controlable.

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Los recovecos son las partes más difíciles y que requieren de mayor paciencia.

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Una vez vamos arrancando el barniz más duro, en las partes planas, podemos usar la lijadora para el tinte y el tapa poros.

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Vamos con los cantos y los temidos cuernos. Recordad que hay que ir afilando la cuchilla cada cierto tiempo.

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Y llegamos a la no menos temida tapa.

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Ese tinte tan oscuro va descubriendo una chapa de arce con una veta impresionante.

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El roto

Se han producido algunos rotos en la tapa, el más grave, junto al botón de la correa. Es un auténtico milagro que solo haya sido ese, pues debido a la extrema delgadez de la chapa, esperaba un resultado aún más catastrófico.

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Hablamos de este asunto con el ganador del concurso y finalmente decidimos aprovechar este incidente para realizarle un relic a la guitarra. Sería intencionadamente impostado dada su naturaleza (desgaste de la madera) y únicamente en la tapa. Esto le aportaría un look único dentro de lo visto hasta ahora en la gama Revstar, además de una personalidad propia.

En relación al tinte blanco que estaba en nuestra hoja de ruta en un principio, lo llegamos a aplicar, pero debido a que enmascaraba mucho la veta de la tapa, terminamos retirándolo de nuevo. El futuro dueño se enamoró de la tapa tal y como quedó después del decapado, así que decidimos dejarla lo más natural posible. Podéis ver todo ese proceso, que no nos llevó a ninguna parte, en el hilo publicado del foro. No me voy a entretener aquí en ello.

Lijado y preparación de la madera

Una vez hemos eliminado la laca, el tinte y el tapa poros de la superficie de la guitarra, ahora hay que preparar la madera. Como os imaginaréis, hay que ir lijando poco a poco, partiendo de un grano grueso (180) hasta uno más fino (500). Debemos eliminar cualquier arañazo de la cuchilla y dejar la superficie lisa y suave.

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Finalmente, le aplicamos un poco de aire con el compresor y pasamos un trapo húmedo. Esto eliminará gran parte del polvo del lijado, pero levantará el repelo. Damos una última pasada extra con lija de grano 500 para eliminarlo.

Acabado al aceite y cera

Diferencias con los acabados de laca

Ya he hablado anteriormente de este tipo de acabado. La diferencia con el barniz es que el aceite penetra en el poro de la madera, se cristaliza al secarse y de esta manera, este queda sellado. Por eso mismo, tenemos el inigualable tacto de madera desnuda a la vez que está protegida de la humedad y la suciedad. El problema es que este tratamiento con el tiempo se degrada y hay que mantenerlo un par de veces al año. La otra pega es que nuestro instrumento es mucho más sensible a los golpes.

Un acabado de este tipo es el que mejor deja resonar la madera, ya que esta no se encuentra encapsulada por un material sintético como en el caso del barniz. Lo malo es que cuando tenemos maderas muy porosas como la caoba (en este caso) o el fresno, se requiere de cierta experiencia al aplicarlo. Un exceso de aceite puede encharcar las capas superiores y arruinar el timbre del instrumento.

La clave al aplicar el aceite

Uno de los trucos, está en realizar un lijado suave que cubra la superficie de polvo. Después, sin retirarlo, aplicar el aceite. Esto formará una pasta que taponará los poros de una manera muy efectiva y evitará que la madera absorba una excesiva cantidad de producto.

Puesto que el aceite que hemos elegido es de Tung, 100% natural, el tiempo de secado será alto. Hay algunos aceites que secan antes, pero lo que se les suele añadir para ello es plomo. Y queremos el plomo lo más alejado de nuestro cuerpo y nuestras vidas.  Lijaremos, aplicaremos el aceite y dejaremos secar dos días. Repetiremos la operación lijando con el siguiente grano más fino. Y así sucesivamente, partiendo de lija de grano 500 hasta llegar a 5.000. Al acabar, dejaremos que cure todo bien durante 3 semanas.

Aplicando el aceite

Formamos una muñequilla con un trapo de algodón y una bola también de algodón. Recordemos que hay que ser muy somero con la cantidad de aceite. Aplicaremos primero en círculos y luego en dirección de la veta de la madera. Pasados entre 15 y 20 minutos, retiraremos el exceso que no haya sido absorbido con un paño limpio.

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Como dijimos, 2 días de secado, lijado de nuevo con un grano más fino y vuelta a aplicar el aceite.

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Según vamos avanzando y subiendo con un grano de lija más fino, vamos viendo cómo la madera va cogiendo un brillo natural. La suavidad y el tacto es difícil de describir. Absolutamente alucinante.

No hay que olvidarse de retirar el exceso de aceite tras cada aplicación.

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La cejuela de hueso

Terminada nuestra tarea de aplicación de aceite, debemos dejarlo secar al menos 3 semanas, como ya he comentado. En ese tiempo vamos a aprovechar para ir tallando la cejuela. Ya he hablado sobre ello anteriormente, pero os dejo algunas fotos del proceso.

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Pulido y encerado

Pasado el tiempo de curación, pasamos al pulido. Si para un acabado de laca usamos la boina de lana húmeda y con pulimento, aquí la usaremos completamente limpia y seca y a una velocidad ligeramente más alta. Aplicaremos hasta eliminar cualquier línea de resto de aceite.

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Concluido este paso, ya solo nos queda aplicar la cera. Con un trapo limpio de algodón la aplicamos primero en círculos y después en el sentido de la veta. Dejamos secar una media hora y pulimos a mano y a máquina hasta que el brillo y el tacto sean perfectos. Si la cera no está bien pulida o queda en exceso, el tacto será pegajoso, así que hay que asegurarse de quede lo más homogéneo posible.

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El relic

Teniendo ya el acabado hecho, vamos con el relicado. Primero hicimos una simulación en Photoshop para ver la posición y el tamaño de los desgastes. Una vez vistos los que nos gustaban, los marcamos sobre la tapa y pasamos a desgastarlos con la cuchilla y la lija.

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¡Ooops! Al desgastar sobre el rebaje del brazo vemos que en las piezas que se han usado para la tapa de arce se les ha colado una de caoba. Supongo que es el tipo de cosas que pasa a veces en las fábricas. ¡Esto hace a la guitarra más rara y única aún!

Terminados los desgastes, los tratamos con aceite y cera también para sellarlos y darles una coherencia de aspecto con el resto de la guitarra.

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Montando el hardware de nuevo

Terminado el acabado, vamos a montarlo todo de nuevo.

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Instalamos las pastillas Seymour Duncan P-Rails con los marcos Triple Shot tal y como se especifica en las instrucciones de instalación.

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Vamos con el puente para colocar las cuerdas y poder terminar de ajustar y rematar la cejuela de hueso.

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Fijamos la cejuela con una gotita de pegamento, instalamos las cuerdas nuevas y ajustamos  como siempre alma, altura de cuerdas, altura de pastillas y entonación. Con esto ya tendríamos la guitarra terminada.

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Conclusiones

La estética

Desde el punto de vista estético, el cambio es bastante radical. Lo primero que salta a la vista es el impresionante contraste entre la caoba natural del mástil y la trasera del cuerpo con la tapa. Esta, aparte del evidente relic, tiene una lámina de arce flamígero de las más bonitas que he visto. El patrón de la veta es bastante impresionante. El color está entre el gris y azul con algunas vetas de blanco.

Los herrajes, cromados satinados, le dan un aspecto muy especial, fuera de lo común. La combinación con la caoba de la pala es fantástica.

Acerca del mencionado relic, sin ser un fan de los envejecidos artificiales, debo reconocer que a esta guitarra le aporta una gran personalidad.

Creo que hay que poner todo esto en valor. Yamaha buscaba con este concurso transformar una guitarra de serie en algo único y creo que lo hemos conseguido. La gran mayoría de los instrumentos están acabados con barniz, de colores o burst o naturales, pero el acabado al aceite es algo tan especial como poco usual. Y si además le sumamos un relic, esto la convierte en una rara avis.

El tacto

Deberíamos abrir un único post para describir el tacto, pues es uno de los puntos fuertes de esta guitarra y con el que su dueño no para de alucinar. Si alguna vez habéis probado una buena Music Man, os podéis hacer una idea de lo que hablo.

Sobre la comodidad del mástil, pues es un asunto más subjetivo. El perfil es grueso, al estilo de las Les Paul, con radio 12” y trastes jumbo. Yo ahora mismo estoy más en radios 7`25”, y mis manazas grandes no tienen problemas para manejar mástiles gruesos. En pocos minutos me adapté a él y lo encontré muy cómodo. Con un ajuste de la 6ª cuerda a 1,7 mm y de la 1ª a 1,2 mm puede satisfacer las necesidades tanto de aporreadores como de shredders.

El sonido

Las pastillas P-Rails fueron un auténtico acierto, en mi opinión. Estas tienen el tamaño de una humbucker y dos bobinas. La peculiaridad es que pueden funcionar en modo P-90, single coil o humbucker. Y de una manera realmente convincente. Si además las instalamos en unos marcos Triple Shot de Seymour Duncan, podremos hacer sonar las humbucker también en paralelo. En total 24 sonidos diferentes, que se multiplican al doble si lo combinamos con el filtro Dry Switch que la guitarra trae de serie. Una auténtica navaja suiza de los tonos.

Aquí os dejo algunas breves muestras de sus sonidos:

Resultado final

Como dijo el ganador del concurso cuando le entregamos a la criatura, estas fotos no le hacen justicia… ¿pero, y a quién sí?

En este enlace podéis ver la entrega de la guitarra en las instalaciones de Yamaha en Madrid, con sesión de fotos a cargo del gran Juan Perez-Fajardo.

Ha sido un trabajo titánico, de muchísimas horas de trabajo, especialmente por la dureza de retirar ese acabado de adamantium, pero el resultado ha merecido la pena. Estéticamente es absolutamente única, el tacto inigualable y en el apartado de sonidos, el paradigma de la versatilidad. ¿Qué más podemos pedir?

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